¡Por Hashut!
Ocho largos años de pervivencia.
El zigurat, pese al polvo y el viento, se erige monumental.
Manda, gozoso, el Sumo Sacerdote que sean matados todos los pollos, y que vivan todos los pavos, para mayor gloria del Padre. El más bravo de los toros correrá las calles de la ciudad y su sangre, después, correrá las escaleras del zigurat. Se declara, pues, una jornada de felices celebraciones.